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Por Alberto Ramos

¿Una película de zombis cubana? Pues sí, el segundo largometraje de Alejandro Brugués, recién estrenado en Toronto International Film Festival. Es una irreverente comedia de horror donde la metrópolis habanera se ve invadida de la noche a la mañana por una voraz e incontenible plaga de muertos vivientes.
Así las cosas, y en la mejor tradición del género, los zombis isleños convierten a la capital en un inmenso cementerio a cielo abierto, sembrando la ruina y la histeria en medio de un paisaje apocalíptico cuyo único antecedente en el cine local es la sombría visión de la Isla que nos dejara Fernando Pérez en su distópica “Madrigal” (2006).
Obvio, que tratándose de Cuba y de la proverbial capacidad de los cubanos para reírse de la adversidad y sacar provecho de las situaciones más dramáticas, es bien difícil que una película de zombis facturada de forma independiente (¿habría que aclararlo?) en la Isla logre sustraerse al influjo de la comedia sociopolítica, el formato por defecto en los últimos veinte años de cine cubano.
Tanto como pensar que el público local se mantendrá ajeno a una interpretación interesada del filme, esto es, una lectura a la luz de la historia contemporánea cubana. Bastaría reparar en el quijotesco dúo que forman sus protagonistas Juan y Lázaro (interpretados respectivamente por Néstor Díaz de Villegas y Jorge Molina, este último el más destacado, y casi único, realizador de cine erótico y gore en Cuba) como flamantes empresarios dedicados al lucrativo exterminio de zombis en una Habana de pesadilla.

No obstante, y vista como pura incursión en un género tan transgresor, apenas frecuentado por una cinematografía más deudora de la ortodoxia formal e ideológica, “Juan de los Muertos” es una saludable muestra de la vitalidad y apertura del joven cine cubano que despunta en el nuevo milenio luego de la traumática debacle del socialismo real. Un ingenioso y subversivo ejercicio de apropiación de códigos y estilos foráneos que ensancha el discurso sobre una realidad a la que esa nueva generación se siente en todo su derecho de interpelar desde todos los ángulos posibles.
Háblame un poco sobre la gestación de la película. ¿Para ti, qué significa trabajar fuera del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)? Ya tenías la experiencia de “Personal Belongings” en términos de la libertad para tratar ciertos temas.
No pienso nunca en esos términos. La razón para trabajar fuera del ICAIC fue lograr inmediatez. Hacer que el ritmo al que se mueve la producción de una película no dependa de alguien más allá de nosotros mismos.
Pero digamos que a fin de evitar la maquinaria burocrática...
No se trata de una maquinaria burocrática. El ICAIC tiene en marcha varios proyectos a la vez, y desde tu posición de director no es posible decidir cuál va saliendo adelante, a cuál se está priorizando. Nosotros también tenemos más de un proyecto, pero sabemos a cuál estamos apostando, en qué tiempo y demás. Se trata de una cuestión práctica: no sentarse a esperar tu turno, sino tomar las riendas del asunto. En cuanto al proceso en sí, pues se me ocurrió la idea, se la comenté a Inti y este me dijo que la escribiera. La primera versión del guión fue redactada durante la posproducción de “Personal Belongings”. Luego conocí a Gervasio Iglesias, nuestro productor de La Zanfoña, en España, y le encantó la idea. Seguí trabajando el guión, y en 2008 tuve la versión final. Entonces ya fue buscar el financiamiento. Finalmente rodamos en 2010, con un volumen de trabajo impresionante y de gran complejidad. La posproducción se realizó en España desde enero de este año. Un trabajo durísimo, contra reloj, pero ahí está “Juan de los Muertos”.
A primera vista, si lo miras como cine de género, “Juan de los Muertos” representa un giro respecto a película anterior, “Personal belongings”. Pero en términos de argumento no podría decir lo mismo, porque a fin de cuentas vuelves a los tópicos del destino de Cuba, del éxodo migratorio, que presidían tu primer largometraje. En ese sentido, “Juan de los Muertos” casi que puede verse como una variación sobre “Personal Belongings”.
Pues sí, uno tiene sus obsesiones. Ahora bien, “Personal Belongings” es una película atípica dentro del cine que me gusta hacer. Si fue mi primera película, se debió a que es más sencillo abordar una comedia romántica o un drama con toques de comedia que algo de género. “Juan de los Muertos” es cine de género, lo que más me interesa y seguiré haciendo. Aunque de vez en cuando me tomaré un descanso para incursionar en algo del tipo “Personal Belongings”. Pero está claro que hay una relación entre una y otra película. Son detalles que observaba en el día a día de Cuba. Lo que me atrajo tanto de “Juan…” fue poder mezclar un poco las dos cosas, usar zombis para hablar un poco de nuestra cotidianeidad.
No es una película de zombis pura. Digamos que hay una forma de nacionalizar esos códigos del horror con situaciones, parlamentos y personajes que vienen de la comedia sociopolítica. ¿Cómo llegaste a la idea?
En verdad, el género de zombis siempre ha tenido un componente importante –más bien social que político–, de análisis social…
Pensar en los filmes de Romero...

Claro, si ves “La noche de los muertos vivientes” [George A. Romero, 1968], salta a la vista un comentario acerca del racismo. Y “Dawn of the Dead” [George A. Romero, 1979] se refiere al consumismo. Desde los orígenes del género ha existido la obsesión de tratar problemáticas sociales. El género de terror –y no es que lo diga yo–, funciona muy bien como parábola de la realidad. Lo mismo que la comedia. Luego es obvio que no estoy innovando, sino más bien siguiendo las reglas del juego. Era cuestión de encontrar el equilibrio entre ambos. Fue un poco como dices, de “cubanizarlo”. Soy fanático de las películas de zombis, pero también quería hablar de nosotros, sin pasarme hacia uno u otro lado. Hacer una película que hablara sobre los cubanos, pero sin alienar a los fans del cine de zombis. O dicho de otra manera: hacer una película de zombis lo suficientemente buena, pero que igual la pudieran disfrutar aquellos que por regla general rechazan ese tipo de cine. El género de terror ha sido siempre muy subvalorado. Se ve como entretenimiento, pero su realización es extremadamente compleja, además de que se presta para hablar sobre temas muy diversos. El “bestiario” del género incluye una amplia variedad de criaturas: vampiros, hombres-lobo, licántropos, toda clase de criaturas monstruosas.
¿Por qué los zombis en tu película?
El monstruo moderno se divide prácticamente en tres categorías: Drácula, Frankestein y el Hombre-Lobo. Lo demás son variaciones. Drácula, el depredador; Frankestein, el monstruo creado por la mente humana, y el Hombre-Lobo, o la pareja Dr. Jeckyll/Mr. Hide, del hombre y la bestia intercambiables. Luego aparece el zombi, cuya particularidad es que somos nosotros mismos. O sea, son tus vecinos los que se están levantando de entre los muertos. Lo atractivo para mí era usarnos a nosotros para eso. La idea original tenía un poco de mi humor negro…, por desgracia, para decirlo de algún modo. Ciertamente puede ocurrir dondequiera, pero basta sentarse en cualquier lugar de La Habana y ves pasar cada persona que terminas diciendo: “Es un zombi”. En fin, era la elección obvia.
Los zombis son criaturas infelices, que no pueden escapar de su destino y viven en una especie de limbo. Me fascina esa suerte de inmortalidad, el que resuciten una y otra vez...

No si les destruyes el cerebro... Pero sí, entiendo lo que dices sobre que siempre vuelven. Y eso es muy gracioso. Ahí vas mezclando las cosas, y claro, entra tu gusto personal. En principio, al zombi le puedes hacer lo que quieras. Por aquello de que siempre vuelve a levantarse, a menos que le aplastes la cabeza. Un bicho con el cual es divertido jugar. La diversión está ahí, en cómo te las arreglas para matarlo.
Juan y su amigo Lázaro están muy cerca de la marginalidad, aunque en propiedad solo sean ciudadanos comunes. Y sin embargo, son ellos los que sobreviven; diríase que su lucidez y pragmatismo los vuelven inmunes.
Quería a alguien de la calle, no un héroe. Quise en ese papel a la persona que nunca te imaginas. En verdad, y con todo el cariño del mundo, cuando ves a Alexis Díaz de Villegas lo último que te viene a la cabeza es un héroe. Y escribí el guión pensando en él. Se trataba de jugar con el antihéroe: el tipo desenfadado, que vive sin hacer nada, que quizá bebe más de la cuenta, un desastre como persona, un fracaso como padre, en plena crisis de los cuarenta… Y la paradoja de que al final sea quien salva el día.
Lo veo como un cubano de la era post Berlín.
Hay una referencia obvia: “Shaun of the Dead” [Edgar Wright, 2004], y a menudo me preguntan si el título de “Juan de los Muertos” viene de ahí. En realidad, el personaje está basado en mi hermano Juan, quien incluso es un poco mayor que el personaje. Pero justo se trata de la generación que sufrió post Berlín, que ha visto derrumbarse una serie de cosas…
Desencantada...
Eso. No es mi caso precisamente, pero a veces te resulta imposible evitar ese sentimiento. Cuando trabajaba con Alexis, le decía a propósito del personaje: “Quiero en Juan, en su mirada y su forma de ser, todo lo que esa generación ha vivido, compactado en el tiempo de la película”. Quería ver en el transcurso del filme todo lo que se ha ido desmoronando para ellos a lo largo de los años, que no ha sido poca cosa. Y cómo, de pronto, ese mundo en sí mismo comienza a desestabilizarse.
Una de las escenas más impresionantes es aquella de los zombis caminan bajo el mar. ¿Hay alguna alusión al peso que tiene el mar en la historia reciente de Cuba, a los éxodos?
En toda la película hay un juego con la realidad, con sucesos que he presenciado. El éxodo de 1994 es algo que he visto...
Se han ahogado tantos cubanos tratando de atravesar el estrecho de la Florida...

Hay muchas imágenes sacadas de la realidad cubana, como aquella del ómnibus que se vuelca, eso lo vi en la embajada de México, vi pasar el ómnibus; o la escena del auto que flota en el mar. Pero espera, porque esto también tiene su lógica, dado que al mismo tiempo quería hacer algo que nunca hubiera visto en películas de zombis. Escenas bajo el agua, por ejemplo, recuerdo “Zombi”, de Lucio Fulci [1979], donde incluso hay un zombi que pelea con un tiburón. Por cierto, la escena de “Juan de los Muertos”, y casi toda la secuencia anterior en la superficie fueron rodadas por Inti [Inti Herrera, productor del filme] con la segunda unidad. Los zombis se filmaron en la sala Avellaneda del Teatro Nacional, y ya en posproducción se empleó un gran número de efectos digitales.
Pero en fin, quería jugar un poco con todo eso. Primero, mostrar un éxodo, y aquí viene la parte “cubana”. Segundo, ver los zombis debajo del mar. Claro, como no pueden ahogarse, en teoría serían capaces de caminar bajo el agua desde Cuba hasta Miami. Hay un poco de humor negro en ello, pero la escena sirve a la perfección para comprender el proceso de la película: mezclar un poco de nuestra realidad con elementos icónicos de películas de zombis, y hablar así de todo lo que me interesa.








